En el ejercicio de su voluntad, Él nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas. (Santiago 1:18)

La santidad es un requisito para ver a Dios (Heb. 12:14). Jesús mismo lo afirmó (Mat. 5:48). La distancia entre Creador y criaturas es inmenso, por eso el estándar es muy alto: “Sed santos, porque Yo soy santo” (1 Ped. 1:16). Dios demanda que seamos santos, pero ¿quién puede cumplir con esto? Por un lado, sabemos que no hay justo ni aún uno y, por otro, que solo Dios es perfectamente santo. Por más que alguien se esfuerce (Jer. 13:23), nadie puede hacer nada por sí mismo. ¿Qué podemos hacer ante nuestra incapacidad? Necesitamos nacer de nuevo: “En el ejercicio de su voluntad, Él nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas” (Sant. 1:18). El hombre necesita que Dios cambie o regenere su naturaleza. La regeneración es la obra soberana de Dios por la cual Él da vida nueva a un individuo (1 Ped. 1:23), usando como medio la Escritura. Él nos dio vida nueva para que “fuéramos las primicias de sus criaturas” (Sant. 1:18b). ¡Estas son noticias maravillosas! Las primicias en el Antiguo Testamento eran lo primero y mejor de la cosecha. La Biblia nos enseña que Dios va a crear cielos nuevos y tierra nueva, y nosotros somos las primicias: Somos una muestra de la transformación que el mundo experimentará en el futuro. La nueva vida que hoy poseemos en Cristo es la prueba que en la gloria futura todo será hecho nuevo. Tú y yo tenemos el privilegio de ser ejemplos vivientes—primicias—de lo que el resto del mundo será cuando Dios destruya todo y lo haga todo nuevo. Sin lugar a duda hemos sido creados para vivir vidas santas. Debemos vivir conforme a lo que somos. Si somos Sus hijos, escogidos y apartados por Él, busquemos agradarle a Él en todo. Vivamos vidas santas.

Reflexión: Medita en que Él te escogió y te dio una vida nueva para que vivieras para Su gloria.