Nunca paguéis a nadie mal por mal. Respetad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres. (Rom 12:17)

Nunca debemos pagar mal por mal sino procurar estar en paz con todos, (Rom 12:17) incluso con los que están en autoridad sobre nosotros. Cuando Pablo escribe estas palabras, los judíos eran celosos de su identidad y de su independencia como pueblo de Dios. Odiaban la ocupación romana y hasta negaban que esto fuera una realidad. (Juan 8:31–33) Habían sido conquistados por Roma y, sin embargo, decían no ser esclavos de nadie. Ellos afirmaban que solo Dios podía gobernarles y que nadie podía imponer impuestos sobre ellos. Era importante que los creyentes entendieran que ahora que pertenecían a la familia de Dios, esta actitud de rebeldía en contra del gobierno no era aceptable. No era la voluntad de Dios. Pedro también se expresa de una manera similar: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios”.  (1 Pe 2:13-15) El punto y principio fundamental es la sumisión. El cristiano es un individuo que se somete a los que están sobre él, aún a aquellos que son difíciles de soportar. Esto incluye a tu jefe, a tu gobierno y a los líderes que Dios ha establecido en la iglesia (Heb 5:17). Además, debemos hacerlo con una actitud de humildad, no haciendo alarde, como el ejemplo que el Señor nos dio cuando fue vituperado. Como cristianos tenemos una responsabilidad muy seria de vivir una vida de testimonio como hijos de Dios y esclavos del Señor Jesucristo. Sabemos que no somos de este mundo y que pertenecemos a Él; sin embargo, debemos someternos a quienes el Señor ha puesto sobre nosotros y buscar estar en paz con todos.

Reflexión: ¿Oras por tus gobernantes y por los que están en autoridad sobre ti? Debemos someternos con humildad y en dependencia a Dios.