…la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. (1 Timoteo 3:15)

La iglesia es de Dios, fue instituida por Él y es sostenida por Él. Dios añade cada día a los miembros de Su cuerpo, de quién Cristo mismo es la cabeza. Por lo tanto, si la Iglesia es de Dios, es Él quién debe dictaminar cómo debe verse una Iglesia. ¿Qué caracteriza a una iglesia fiel? En primer lugar, la iglesia debe tener un compromiso con la autoridad absoluta de la Escritura. La Escritura es la única autoridad de la Iglesia. Somos renacidos (1 Ped. 1:23) y santificados (Jn. 17:17) por la Palabra. Por eso Pablo instó a Timoteo a predicar la Palabra fielmente (2 Tim. 4:2). La prioridad del ministerio de la Iglesia es la predicación y enseñanza de la Palabra. No existe prioridad mayor. Su Palabra debe ser el centro de todo lo que hacemos. En segundo lugar, la Iglesia debe tener como prioridad la adoración. Debemos responder a Dios en adoración al ser expuestos a Su Palabra. Cuanto más y mejor conozco a Dios, más profunda y genuina será mi expresión de adoración y alabanza a Él. La alabanza genuina y real fluye de la profundidad de mi entendimiento de la gloria de Dios y Su verdad revelada en su Palabra (Jn. 4:23-24). Adoramos en respuesta a nuestro conocimiento incremental del Dios revelado en Su Palabra. En tercer lugar, la Iglesia debe tener claridad doctrinal. La iglesia primitiva se dedicaba a la doctrina que les había sido enseñada (Hch. 2:42) porque la Biblia contiene un cuerpo de doctrina que debe ser entendido y predicado para salvación de los oyentes y santificación de los redimidos. Por eso el pastor debe ser apto para enseñar (1 Tim. 3:1-2) y exhortar con sana doctrina (Tit. 2:1). La claridad doctrinal es clave para que la iglesia entienda la Palabra y la obedezca.

Reflexión: De acuerdo a estas características, ¿estás siendo expuesto a la enseñanza de una iglesia fiel? ¿Estás siendo fiel tú mismo al Señor y Su Palabra en tu ámbito de influencia?