“En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. (Filipenses 4:10-13)

En este precioso pasaje, el apóstol Pablo dirige nuestra atención al secreto del contentamiento. Es notable observar que Pablo está escribiendo estas palabras cuando se encontraba encarcelado en Roma: privado de comodidades y con una obvia escasez económica, limitado en cuanto a movimientos y custodiado por guardias romanos, su condición no era la más propicia para estar contento. Y sin embargo, Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos describe en estos versículos los elementos de una vida cristiana satisfecha.

Por un lado notamos que Pablo vivía convencido de que “todas las cosas ayudan para el bien de un hijo de Dios”.  El apóstol tenía confianza absoluta en la providencia de Dios para su vida. En el momento oportuno (v.10), en la ocasión precisa, recibe una ofrenda de los creyentes en Filipos.  Esa “oportunidad” no era una coincidencia, sino que había sido dirigida por la providencia divina. Lo que también observamos es Pablo había aprendido a vivir en cualquier situación, ya fuese de abundancia o escasez (vv11, 12). Pablo estaba satisfecho teniendo lo básico para subsistir, y es justamente esto lo que el enseñaba a otros: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto (1 Tim. 6:8)

También notamos que las circunstancias que le rodeaban no afectaban para nada su contentamiento y satisfacción: “he aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación”. Su situación y circunstancias presentes no son las que motivan a un individuo a decir “estoy contento”.  No es natural hablar de esta forma cuando uno está sufriendo como Pablo estaba sufriendo. Qué actitud tan distinta a la que la mayoría de la gente tiene, incluyendo a cristianos que de sociedades consumistas, donde se piensa que debemos tener cierto grado de comodidades y recursos materiales para ser felices. Algunos hasta predican un “evangelio de prosperidad” que promueve el deseo carnal de perseguir riquezas, porque, según ellos “Dios quiere que seas sano y económicamente prospero”. Además de ser un concepto anti bíblico; esto jamás producirá individuos satisfechos.

¿Cuál era la clave de la satisfacción de Pablo? ¿De dónde venía su contentamiento? En el versículo 13 Pablo contesta de esta manera: “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Pablo estaba satisfecho en la vida porque sus recursos eran espirituales, su poder era espiritual, no era material ni temporal, su poder estaba en “Cristo”. Cuando Pablo llegaba al  final de sus recursos sabía que Cristo sería suficiente para todo. El Señor ya le había prometido “bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por esta razón Pablo podía decir: Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Pablo podía decir esto porque su vida se caracterizaba por una continua obediencia a su Señor y confianza en El.

Te pregunto, ¿Cuál es tu situación presente? ¿Estás contento? ¿Vives satisfecho? ¿Eres un cristiano obediente? Dios promete proveer para todas tus necesidades (Efesios 3:20) y darte el poder para sobrellevar cualquier situación, por mas difícil que esta sea. Pero esta promesa asume que tú seas obediente a lo que El revela en su Palabra. Medita en estas realidades de la Escritura ejemplificadas en la vida del apóstol e imítale (Fil. 3:17).