Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. (2 Timoteo 4:1-2)

Debemos someternos a la Escritura porque es imperativo y fundamental para nuestra vida como creyentes. Ese sentido de urgencia llevó a Pablo a escribir a Timoteo lo siguiente: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”. (2 Tim. 4:1-2) El ministro de la Palabra debe predicar a tiempo y fuera de tiempo. Debe primero someterse él mismo a la Palabra inspirada de Dios para ayudar después a la iglesia a someterse y obedecer también. Si el predicador no expone fielmente el texto, tal como Dios lo requiere, está desobedeciendo el mandato de Dios, no se está sometiendo a la Escritura, y no está ayudando a los creyentes a hacer lo mismo. Y las implicaciones pueden ser devastadoras. Difícilmente algún creyente diría que no se quiere someter a Dios y Su Palabra. Sin embargo, en la práctica, cuando una iglesia y sus pastores no enseñan cuidadosamente la Escritura, están cometiendo lo que en la teoría ellos negarían rotundamente: una falta de sometimiento a la Escritura. Si el que enseña no predica el texto bíblico fielmente, respetando su contexto y la intención original del autor, no solo no está sometiéndose él mismo, sino que está privando que la congregación se someta a la Escritura. Es fundamental que nos sometamos, no solo en la teoría sino también en la práctica. No hay atajos: la única manera de ser fiel a este mandato es conociendo más y mejor la Escritura, y enseñándola fielmente a otros para que aprendan y obedezcan de igual manera. No enseñamos opiniones de “expertos”, sino que proclamamos la Escritura con el propósito de someternos a Dios.

Reflexión: ¿Qué haces cuando estás agobiado, cuando hay dificultades en tu vida y sientes desánimo? Busca la Palabra de Dios para dar la dirección correcta a tus pensamientos y busca al Señor en oración. Solo así tendrás descanso y paz.