Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. (Lucas 9:23)

Seguir a Cristo es para valientes. No se trata de levantar tu mano y repetir ciertas palabras para que tu vida sea fenomenal. Jesús te llama a algo más radical: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. (Lucas 9:23) Seguir a Cristo implica seguirle continuamente. La idea es que te caracterizes por seguirle. Es un patrón de vida. El creyente debe obedecer de manera continua la voluntad del Señor. No hay otra manera. Esto contrasta grandemente con los que creen que la simple repetición de una frase hará que seas salvo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21) Los que entran en el Reino de los Cielos no son los que hablan, sino los que hacen. Además, no es hacer por hacer. No se trata de hacer obras de caridad o vivir en la iglesia ganándose la salvación por hacer un excelente servicio a la comunidad. Un discípulo verdadero es uno que hace la voluntad de Su Señor como patrón de vida. No es esto lo que te hace salvo, sino que únicamente demuestra la genuinidad de tu fe. Es por ello que Jesús nos manda a guardar Sus mandamientos, ya que la obediencia no es opción para el cristiano: El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” (Juan 14:21) Seguir a Cristo y obedecerle será evidencia de una vida transformada. Y, al mismo tiempo, si tu vida ha sido transformada, vas a anhelar vivir tu vida para Él.

Reflexión: Seguir al Señor puede costarte todo, pero al mismo tiempo lo ganarás todo ya que Él ofrece el perdón de tus pecados y la salvación de tu alma eterna. ¡Ven a Él y síguele!