¿Qué es exactamente la santificación? Es vital que al contestar esta pregunta quitemos de nuestra mente nociones equivocadas de la santificación. Es muy importante que tengamos ideas claras y bíblicas de lo que creemos, porque tener un concepto equivocado de una doctrina en la Palabra de Dios afectará negativamente a nuestras actitudes y conducta.

Cuando leemos la Escritura cuidadosamente notamos que ésta nos da dos significados principales de la palabra santificar. El primer significado es el más común en toda la Escritura y quiere decir apartar para Dios y para Su servicio. Algo o alguien es santificado cuando es separado de toda contaminación y dedicado por completo a Dios. En este sentido, encontramos que la palabra santificar (y alguno de sus derivados) se aplica en la Escritura tanto a personas como a cosas. Por ejemplo, el monte Sinaí fue santificado, separado por Dios para un propósito especial. También los objetos y utensilios utilizados en el tabernáculo y el Templo en el Antiguo Testamento fueron santificados para usos particulares. En el Nuevo Testamento encontramos este significado también en relación a los creyentes en Cristo, ya que fuimos apartados por Dios y separados del mundo para servir a Dios. Pedro lo dice así, “Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Esto habla de quienes somos en el mundo; ésta es nuestra posición espiritual. Como cristianos hemos sido separados por Dios del mundo y escogidos por El para servirle aquí donde Él nos colocado. La iglesia es el pueblo redimido por Dios y para Dios. En otras palabras, somos santos porque fuimos santificados por llamamiento de Dios (1Co.1:2; 6:11) pero la santificación es más que eso.

El segundo sentido de la palabra santificación o santificar en la Escritura es que somos hechos santos en conducta. “Sed Santos porque Yo soy Santo” dice el Señor. Hemos sido espiritual y posicionalmente separados del mundo para Dios y ahora Él nos manda a ser en práctica lo que ya somos por llamamiento. Dios está llevando a cabo la obra de santificación en los suyos: primero llamándoles, apartándoles del mundo como su pueblo especial y luego llamándoles a vivir como pueblo especial. Nuestra vocación divina como santos demanda que seamos santos en práctica.

¡Qué increíble privilegio tenemos como hijos de Dios! Primero, haber sido santificados por El para servirle; y ahora, representarle a Él en este mundo viviendo vidas santas. Oh creyente en Cristo, si eres hijo de Dios ya eres santo porque Él te apartó para sí. La pregunta es, ¿estás viviendo como lo que eres?