Un año más nos aproximamos a la época de Navidad. Este es un tiempo de festividad, celebración, gozo y…. los famosos “regalos”. Para muchos la navidad es solo eso, un énfasis exagerado en gastar tiempo, dinero y energías en las compras de Navidad. Pero, como cristianos debemos utilizar este tiempo para meditar en los regalos que realmente cuentan y tienen impacto eterno.

Es obvio que para un creyente el mayor regalo que la Biblia resalta es el regalo de Dios en la persona de su Hijo. Juan 3:16 nos dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito”. Dios dio a Su Hijo con el propósito de dar vida eterna a un incontable número de personas  que Juan identifica como los que creen …para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. El apóstol Pablo afirma y describe este regalo de Dios en Efesios 2 de esta manera, “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios”. La salvación es un don de Dios, la vida eterna es un regalo inmerecido que se recibe por fe. Todo en la salvación es de Dios, “no es de vosotros” dice Pablo, es por pura gracia de Dios y no tiene nada que ver con algo de valor en los que la reciben,  no por obras, para que nadie se gloríe.

Esta realidad es más que suficiente para irrumpir en alabanza y gratitud a Dios que nos salvó por Su gran amor, misericordia y gracia. Pero eso no es todo. Dios también nos dio por su gracia otros dones, otros regalos espirituales. A estos regalos la Biblia llama “dones del Espíritu” o “dones espirituales” (1 Co. 12:1-11; Rom.12:6-8; Ef. 4:11-16; 1 Pedro 4:10-11). La pregunta es ¿por qué? o ¿para qué? Lo único que la Escritura nos enseña es que estos dones fueron dados por el Espíritu de Dios, no para el bien del individuo que recibe ese regalo, sino para el bien común de la familia de Dios. 1 Corintios 12:7 dice, “Pero a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común”. El apóstol Pedro lo expresa de esta manera, “Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglo, Amén”. (1 Pedro 4)

¡Dios desea usarte para la edificación de sus santos y la gloria de su Nombre!

El propósito de nuestros dones, es para que sean usados, la iglesia sea edificada y Dios reciba la gloria. En esta época de navidad cuando pienses en “regalos”, piensa primero en el regalo singular de vida eterna que el Señor te ha dado y junto con esta incomparable bendición, piensa en el don con que el Espíritu te ha capacitado para traer edificación a los hijos de Dios comenzando con tu familia, tu iglesia, y otros creyentes con los que estarás ministrando en estos días. Toma unos minutos para meditar en estas realidades y dar gracias a Dios por su regalo de salvación y la capacidad que el Espíritu Santo te ha dado para ministrar a otros. Pide al Señor que El te use hoy para el bien de algún hermano o hermana.