“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deut. 29:29).

A menudo el hombre cuestiona los planes y propósitos de Dios. Esto sucede más frecuentemente cuando enfrentamos aflicciones o dificultades. Creemos saber mejor que Él y levantamos nuestra voz en son de queja. Es fácil quejarse cuando hay decepción, y muchas veces es una forma de escape, un desahogo. Sin embargo, por más que nos cueste entender y aceptar que Dios es soberano, Él no nos debe una explicación. Un principio bíblico muy claro relacionado con la aflicción es que los propósitos de Dios están escondidos en Él mismo. Dios no revela todo aspecto de Sus propósitos y planes, sino solo lo que Él quiere. Debemos por lo tanto, descansar en Su voluntad, refugiarnos y confiar en Él.

Lo que Dios ha querido revelar lo ha hecho y debemos atesorarlo.

En el Antiguo y Nuevo Testamento tenemos la revelación de Dios de la cual Pedro dice: “… ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20-21). Todo lo que Dios desea revelar está en Su Palabra. Pero hay cosas que Él no revela: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deut. 29:29). Lo que Dios ha querido revelar lo ha hecho y debemos atesorarlo; sin embargo, no siempre será así y debemos asegurarnos de tener la perspectiva correcta.

Dios oculta Sus razones específicas de por qué hace lo que hace y no tiene que explicarnos nada.

Dios no nos explica por qué sucede lo que sucede en el mundo: guerras, conflictos, tragedias, enfermedades, desastres naturales, bancarrota económica, entre otras cosas. Él es, como decía Martín Lutero, “Deus absconditus,” es decir, el Dios escondido. Este es un concepto bíblico: “En verdad, tú eres un Dios que te ocultas, oh Dios de Israel, Salvador” (Is. 45:15). Dios oculta Sus razones específicas de por qué hace lo que hace y no tiene que explicarnos nada. Él no le debe explicaciones a su Su creación. Sus razones están ocultas en El.

¿Por qué hay guerras? ¿Por qué se ha desatado una cadena de terrorismo mundial sin precedentes? ¿Por qué sucede lo que sucede en Israel, Afganistán, Iraq, Siria, Libia, Egipto, y Corea del Norte? Nadie lo sabe con exactitud; no debemos saberlo, sino Dios lo hubiese revelado. Sin embargo, Dios sí sabe con certeza, no solo porque todo lo conoce, sino principalmente porque es Él quién está llevando a cabo Su plan. Él es soberano y como tal, no tiene por qué explicarnos nada.

Dios no tiene que explicar Sus razones a nadie.

No hay pregunta que Él tenga que responder que no haya respondido ya según Su voluntad. En Job 40:2 leemos la respuesta de Dios a Job cuando ante su tremenda aflicción y tragedia personal cuestiona a Dios: “¿Podrá el que censura contender con el Todopoderoso? El que reprende a Dios, responda a esto”. Ante tal pregunta categórica, Job se da cuenta de su necedad. Dios es soberano, todopoderoso y omnipotente, y a menudo esconde sus razones. Por eso Job responde así: “ yo soy insignificante; ¿qué puedo yo responderte? Mi mano pongo sobre la boca. Una vez he hablado, y no responderé; aun dos veces, y no añadiré más” (Job 40:3-5). El punto es que Dios no tiene que explicar Sus razones a nadie.

¿Has cuestionado a Dios en algún momento de tu vida? Si estás pasando por una prueba intensa y eres hijo de Dios, Dios es justo y sabe por qué te sucede lo que te sucede. Es para tu bien. Todo obra para bien para los hijos de Dios. Puede ser que más adelante veas y entiendas la razón de tu aflicción, pero Dios no tiene la obligación de explicarnos ninguno de Sus caminos. Él decide soberanamente lo que sucede a cada uno de Sus hijos. Tenemos que agradecer que estamos en Sus manos y que ahí estamos seguros. Confía en Él y que tu corazón no se desanime sino confían en que Él te sostendrá.