Nunca paguéis a nadie mal por mal. Respetad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres. (Rom 12:17)

Como hijos de Dios, debemos comportarnos en conformidad a ello: “no os adaptéis a este mundo”. (Rom 12:2) Si somos hijos de Dios quiere decir que nos hemos arrepentido de nuestros pecados y hemos creído en Jesucristo para salvación. Él nos ha adoptado y nos ha hecho Sus hijos. Somos llamados a salvación conforme a Su propósito eterno que comienza antes de la fundación del mundo y culmina en gloria con Él en el cielo. Dios usó a Pablo para recordarnos que debemos someternos a Él, no conformándonos al mundo. Debemos someternos a Dios haciendo Su voluntad la cual es buena, agradable y perfecta. (Rom 12:2) Debemos vivir para Él en todo aspecto de nuestra vida, incluyendo cómo nos relacionamos y cómo reaccionamos ante los que nos hacen mal. Pablo manda a los romanos algo que no era fácil: “Nunca paguéis a nadie mal por mal […] Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres”. (12:17) Esto es difícil para todos, sin embargo, “el mal” en el contexto de los creyentes en Roma podía venir de manera personal (12:14) o podía también venir por parte del gobierno. De cualquier forma, el principio es claro ya que sin importar de quien venga el mal y la persecución, el creyente nunca debe buscar la venganza. Dependemos de Dios y confiamos en Él. Los hombres buscan venganza. Buscan resarcir el daño. Pero el Señor nos manda a no amoldarnos a este mundo sino a renovar nuestras mentes para entender Su voluntad de Dios para nuestras vidas. No podemos controlar lo que las personas hacen, pero si podemos procurar estar en paz, no ser conflictivos ni vengativos sino confiar en el Señor y depender de Él sabiendo que Él es bueno y que tendrá cuidado de nosotros.

Reflexión: ¿Cómo reaccionas cuando alguien te daña? ¿Dejas todo en manos de Dios o buscas resolverlo todo tú mismo? Confía en el Señor y depende de Él.