Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. (Efesios 6:18)

¿Cómo está tu vida de oración? Esta pregunta suele resultarnos un tanto incómoda. Si somos honestos, tendríamos que reconocer que no oramos lo suficiente. Es más, no creo que alguien reconozca que su vida de oración es espectacular. Siempre podemos mejorar. El reconocido autor y expositor bíblico Martyn Lloyd-Jones solía decir que lo más difícil en la vida cristiana es orar. Pablo lo confirma al afirmar que “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos” (Rom. 8:26). Orar no es fácil. Sin embargo, la oración no es opcional para el creyente. Es un mandato bíblico, ya que la Escritura constantemente nos exhorta a orar: “Y les refería Jesús una parábola para enseñarles que ellos debían orar en todo tiempo, y no desfallecer” (Luc. 18:1). Jesús exhortó a Sus discípulos por su debilidad en la oración: “Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” (Mat. 26:41). El apóstol Pablo también animó a los creyentes a orar “en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Efesios 6:18) y a hacerlo “sin cesar” (1 Tes. 5:17). Dios quiere que seas diligente y fiel en la oración. No esperes hasta “tener ganas” para empezar a orar. El Espíritu de Dios reside en ti e intercede por ti aun cuando no tengas fuerzas para orar. No permitas que tus sentimientos o circunstancias determinen si vas a orar o no. La oración es vital para tu salud y victoria espiritual, así que no dejes de orar. Confiesa al Señor si has sido negligente y pídele que te dé discernimiento y fortaleza para orar como debes, teniendo la disposición de hacer los cambios necesarios. Por último, agradece a Dios por el privilegio de comunicarte con Él por medio de la oración.

Reflexión: No esperes más y busca al Señor en oración, en todo tiempo, de manera constante, dependiendo de Él a diario.