“Y esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye.” (1 Juan 5:14)

Todo creyente debe caracterizarse por una vida de oración que esté fundamentada en la voluntad de Dios. No solo debes orar; debes orar basado en la voluntad soberana y absoluta de Dios. Cuando oras tus deseos y anhelos, no estás siendo fiel en cumplir la voluntad de Dios. Por otro lado, si oras que Su voluntad sea hecha, si oras Su Palabra, si oras basado en la revelación de la Escritura, Dios se agradará y obrará Su voluntad a través de ello.

El profeta Samuel es un modelo de cómo orar la voluntad de Dios. Israel quería un rey como el resto de naciones. No era la voluntad de Dios y, sin embargo, el pueblo lo pidió (1 Sam. 8:4-7). Tiempo después, Israel pide a Samuel que ore por ellos porque habían pecado contra el Señor, sabían que estaban en problemas (1 Sam. 12:19). A pesar de que no lo merecían, a pesar de que habían rechazado al Señor y a Samuel, el profeta les responde así: “… aunque vosotros habéis hecho todo este mal, no os apartéis de seguir al Señor… Porque el Señor, a causa de su gran nombre, no desamparará a su pueblo, pues el Señor se ha complacido en haceros pueblo suyo” (1 Sam. 12:20-22).

Dios quiere que oremos; quiere que le pidamos y que oremos que Su voluntad sea cumplida.

Samuel tenía claro que Dios había escogido a Israel y que no abandonaría a su pueblo. Él tenía clara la voluntad de Dios y, por ello, ora y actúa acorde a lo que sabía que era verdad. Aun sabiendo que Israel era el pueblo de Dios y que no los abandonaría, Samuel actúa de manera correcta y ora por ellos. Era Su voluntad no abandonar a Israel, por eso Samuel ora para que Su voluntad fuese cumplida. Él pudo haber rechazado orar por ellos o pudo haber pedido a Dios que los juzgara. Conociendo la voluntad de Dios, Samuel pudo haber sido conformista y dejar que Dios hiciera con ellos lo que había prometido de todas formas. Muchos en esta situación no oran porque, si es la voluntad de Dios, Él obrará. Esta es una manera no bíblica de proceder. Dios quiere que oremos; quiere que le pidamos y que oremos que Su voluntad sea cumplida.

Samuel tiene tan claro que tiene que orar para que la voluntad de Dios se cumpla, que exclama lo siguiente: “Y en cuanto a mí, lejos esté de mí que peque contra el Señor cesando de orar por vosotros” (1 Sam. 12:23). Incluso habla de pecar contra el Señor si él no oraba por Israel, a pesar del pecado de ellos. Cuando un siervo de Dios conoce la voluntad de Dios, ora de acuerdo a esa voluntad y Dios escucha esa oración: “Y esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye” (1 Juan 5:14).

Pedir en el nombre de Jesús implica pedir de acuerdo a Su voluntad. No quiere decir que usamos el nombre de Jesús al final como fórmula mágica para obtener nuestros caprichos.

Dios determina el fin y los medios para llevar a cabo Sus propósitos. No te corresponde a ti saber los medios que Dios usará para cumplir Su voluntad. No tienes por qué saber cuál es Su propósito último en cada situación. Lo que sí necesitas conocer es Su voluntad como ha sido revelada en Su Palabra, y orar que Su voluntad sea cumplida. Si conoces Su voluntad y oras en base a ella, lo siguiente es cierto: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré….” (Juan 14:13). Pedir en el nombre de Jesús implica pedir de acuerdo a Su voluntad. No quiere decir que usamos el nombre de Jesús al final como fórmula mágica para obtener nuestros caprichos. Por eso es que Juan nos dice también que Él escuchará si pedimos de acuerdo a Su voluntad (1 Juan 5:14-15).

Procura conocer cada vez más la voluntad de Dios revelada en Su Palabra para que, entonces, puedas orar y actuar en armonía con esa voluntad. Ese fue el ejemplo que Samuel nos dejó. Es lo que Dios quiere de nosotros. Ponlo en práctica y Dios obrará Su voluntad a través de tu oración y las de los Suyos.