Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos. (Daniel 9:4)

Todo creyente ora y debe orar. Sin embargo, a menudo no sabemos cómo hacerlo. En ocasiones oramos en base a lo que queremos, esperando que Dios cumpla caprichosamente nuestros deseos. Sin embargo, debemos orar en armonía con la Palabra de Dios. Daniel comienza su intercesión a favor de su pueblo basándose en lo que él conoce que es la voluntad de Dios: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos” (Dn 9:4). Orar en armonía con la Palabra de Dios es un elemento esencial de la oración. Como creyentes debemos caracterizarnos por este tipo de oración. Daniel sabía que la Palabra de Dios se cumpliría, y que Dios iba a restaurar a Su pueblo (Dn 9:2). Sin embargo, Daniel ora así: Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén … Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, … haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado… Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias” (Dn 9:16-19). La oración de Daniel es que la voluntad de Dios se cumpla, sabiendo que estaba en armonía con Su Palabra. Nuestra oración debe basarse en los propósitos de Dios. La oración que Dios escucha es la que se alinea con Su voluntad. Debemos orar que Su voluntad sea cumplida. Orando así, estaremos orando de una manera Bíblica, y Dios obrará Su voluntad para Su gloria y nuestro bien. Nuestra oración debe estar siempre en armonía con la Palabra de Dios.

Reflexión: ¿Estás orando según tus deseos o según la voluntad de Dios?