La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Jn 14:27)

Vivimos en días peligrosos, días difíciles a nivel nacional y mundial. Las noticias son continuamente alarmantes. Contantemente existe la amenaza real de una guerra en el medio oriente. En Estados Unidos vivimos con la amenaza constante de otro ataque terrorista. El creyente, sin embargo, no debe temer ni turbarse porque parte del propósito de Dios en revelar Su verdad en la Escritura es proveer esperanza a los Suyos (Rom. 15:4). La Escritura nos dice que tendremos aflicción. Esto no se puede negar. El libro de Job afirma que el hombre nace para la aflicción, como las chispas vuelan hacia arriba”. (Job 5:7; 14:1) Incluso Salomón, el hombre más rico de la tierra en su momento, estando rodeado de todos los bienes y placeres que se le antojaran, concluyó que todo es vanidad (Eclesiastés 2:17) y que la vida era penosa y llena de turbación (Eclesiastés 2:23). Por otra parte, y en claro contraste con lo anterior, la Biblia nos enseña verdades preciosas acerca de la aflicción y el consuelo de Dios que confortan el alma de Sus hijos. En Su Palabra podemos tener consuelo y aliento. Es en la Escritura que encontramos a un gran Dios que tiene cuidado de los Suyos y que, a pesar de las dificultades y pruebas, está con ellos. Esa es la esperanza y, por ello, podemos disfrutar de esa esperanza en los momentos difíciles. Jesús prometió dar paz a los Suyos, por lo tanto, no debemos turbarnos ni temer (Juan 14:27). Debemos recordar esta promesa una y otra vez, sabiendo que Él tiene cuidado de nosotros. Cuando pasamos por situaciones y épocas difíciles en nuestro peregrinaje espiritual, podemos turbarnos y tener miedo. Sin embargo, Él nos manda a confiar y depender de Él. No temamos, porque Él está con nosotros. Él es nuestra paz.

Reflexión: Confía en que la voluntad de Dios para con Sus hijos es buena, agradable y perfecta. Él es soberano y fiel. Él tendrá cuidado de ti. No te turbes y pon tu mirada en Él.