“Y Él os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” Efesios 2:1

¿Qué determina la salvación de una persona? La salvación depende solo y exclusivamente de Dios. Sin embargo, muchas personas se preguntan ¿por qué el hombre no puede influir en su salvación? La razón es que el hombre no puede salvarse porque está espiritualmente muerto debido a su pecado.

El gran mal del hombre contemporáneo no es su falta de oportunidades o de autoestima. Su problema es que está muerto e incapacitado para relacionarse con Dios.

Un muerto no oye, no piensa, no reacciona a ningún estímulo. Un muerto no puede hacer absolutamente nada. Debido al pecado, el hombre estaba muerto a toda verdad espiritual y sin Dios se encuentra en su condición natural. El gran mal del hombre contemporáneo no es su falta de oportunidades o de autoestima. Su problema es que está muerto e incapacitado para relacionarse con Dios.

Además de esto, ningún hombre puede alcanzar el estándar divino. Por más que el ser humano trate de alcanzar la gloria de Dios por medio de buenas obras no lo logrará. Por más que quiera alcanzar la perfección no podrá hacerlo. Hay gente que demuestra cierto grado de bondad y generosidad, y tal vez sacrificio. Desde un punto de vista humano son buenas personas. Pero aun estas “buenas personas” nunca llegan al estándar que Dios demanda. Ellos son pecadores, así como el resto de la humanidad.

Solo Dios, por Su misericordia, puede dar vida al hombre. Solo Dios, por Su gran amor, da vida a todo aquel que está en Cristo y ha hecho de Él su Señor y Salvador (Efesios 2:4-5). Si eres cristiano esta era tu condición pasada. Antes de conocer a Cristo, estabas muerto espiritualmente en delitos y pecados. Si no conoces a Jesucristo como tu salvador personal, esta es tu condición presente. No existe ninguna condición intermedia. Todos los seres humanos se dividen en estos dos grupos. La pregunta es, ¿en qué grupo estas tú?