Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada. (Proverbios 31:28a)

Hoy en día, el rol de la madre ha sido tergiversado. Muchas mujeres en la sociedad actual hacen de menos su responsabilidad primordial como esposas y madres. En vez de ello, viven para satisfacer sus propios objetivos, sus carreras, sus trabajos y su recreación. El resultado es que hay poca o nula consideración hacia sus hijos. Los hijos, que deberían ser prioritarios, crecen prácticamente solos, sin la guía de una madre. Cuando la Biblia habla acerca del honor de una madre, hay un personaje que resalta: Ana. Su nombre quiere decir “gracia” y, sin duda, ella es el emblema de la gracia en una mujer. Ana no podía tener hijos; sin embargo, por fe, llegó a ser madre de un hombre prominente. La Biblia la representa como una madre piadosa en una época turbulenta y corrompida. La nación necesitaba de un gran líder y había necesidad de una gran mujer que moldeara a ese hombre. Este hombre fue Samuel. Samuel no solo fue el producto de la obra de Dios (aunque sabemos que todo es obra de Dios), sino el resultado de la labor de una madre piadosa. Ana le dio a la nación el legado más grande que una mujer puede dar: un hijo piadoso. Es nuestra oración que el Señor levante una generación de mujeres del calibre espiritual de Ana; mujeres que formen y moldeen a hombres que amen a Dios y que sean útiles para Su obra. La mujer no debe caer en la trampa y engaño de la sociedad actual. No debe olvidar lo valiosa que es para el futuro de la familia, de la sociedad y de la iglesia. Dios quiere mujeres piadosas que cumplan su función dada por Dios, que no se amolden al mundo, sino que sean fieles y traigan gloria a Dios al hacerlo así.

Reflexión: Mujer, ¿estás dando prioridad a lo que debes dar prioridad en tu vida? No sigas la corriente de este mundo y cumple el plan de Dios para tu vida.