Dad al César lo que es del César… (Mateo 22:21)

Vivimos en un mundo pecaminoso, difícil, confuso e injusto. Esto nos hace anhelar más el día que nuestro Mesías venga de nuevo para reinar sobre esta tierra y hacer todo nuevo. Tiempo atrás, Jesús sabía que había injusticia, que los pobres, las viudas y los huérfanos necesitaban atención; sin embargo, Jesús no vino para una revolución social o política, sino que vino a cambiar corazones. Él predicó el evangelio sabiendo que la equidad, la justicia, y lo que es bueno resulta cuando los corazones de los hombres son transformados. Él era consciente de lo que pasaba, pero estaba más preocupado con la verdadera necesidad. Jesús no estaba interesado en un nuevo orden social, sino en un nuevo orden espiritual. Él no vino a crear una nueva nación sino a establecer Su iglesia. Hay gente que vive bajo el poder abusador del gobierno en muchos lugares y países del mundo. Pero sea cual sea la situación política, social y económica, no podemos dejar de prestar atención a nuestra responsabilidad para con el gobierno. Tampoco podemos abandonar la primacía de la predicación del evangelio sobre otros mensajes de menor importancia relacionados a la política y el cambio social. Debemos ser expresiones de la gracia de Dios ante los hombres y, específicamente, nuestra responsabilidad ante el gobierno es vivir en sujeción a las autoridades y pagar nuestros impuestos. El Señor tenía claro que debíamos dar al César lo que le pertenecía. Esa es la manera de conducimos en la sociedad, particularmente en relación con las autoridades que gobiernan. Hazlo así y descansa en el hecho que Él está en control y que es Él quien pone y quita reyes. No temas ser obediente, mas bien anhela obedecer con un corazón alegre, gozándote en que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta.

Reflexión: Muchas veces es difícil someterte a la autoridad que Dios ha puesto sobre tu vida. El Señor nos manda, sin embargo, por medio de Su Palabra, a someternos y a orar por nuestros gobernantes.