“Elcana… subía todos los años de su ciudad para adorar y ofrecer sacrificio al Señor… a Ana le daba una doble porción, pues él amaba a Ana.” (1ª Samuel 1:1-5)

La relación entre el esposo y la esposa es fundamental en todo hogar. Lo que se comunica a los hijos domina su manera de pensar. Ellos aprenden acerca de las relaciones humanas en el hogar a través de lo que ven en sus padres. Esto hace que surja la siguiente pregunta: ¿Qué están aprendiendo tus hijos en el hogar?

La relación de Ana y su esposo, Elcana, no era perfecta. Elcana era polígamo: tenía más de una esposa. ¿Puedes imaginarte cómo se sentiría Ana en esa situación? Para complicar las cosas, la otra mujer le había dado hijos a Elcana y Ana era estéril (1 Sam. 1:2). En ese tiempo, la poligamia era tolerada, aunque no promovida. El diseño de Dios para el matrimonio nunca fue ese (Gén. 2:24). Fue la sociedad humana la que corrompió el diseño original. Elcana había aceptado una práctica social y había generado una situación muy difícil en el hogar. No era una relación perfecta, pero era una relación correcta por tres razones.

Es fundamental que un creyente no se una en yugo desigual, ya que la tarea de criar hijos es de ambos y deben estar en el mismo sentir y en la misma fe.

En primer lugar, la relación de Ana y Elcana era correcta porque adoraban juntos (1 Sam. 1:3). Tres veces al año, cada varón devoto subía con su familia a adorar en Silo. Elcana era un hombre que adoraba a Dios y ofrecía sacrificios al Señor. Era un esposo creyente y devoto. No era perfecto, pero temía a Dios. Este es un requisito para criar hijos piadosos. Los hijos necesitan ver en sus padres vidas piadosas. Es fundamental que ellos vean a sus padres adorando a Dios juntos. Para ello, es fundamental que un creyente no se una en yugo desigual, ya que la tarea de criar hijos es de ambos y deben estar en el mismo sentir y en la misma fe. Por eso Efesios 6:4 nos manda criar a nuestros hijos en la disciplina y amonestación del Señor. Ana estaba casada con un hombre que adoraba a Dios y juntos compartían su fe. Esta devoción fue comunicada a sus hijos, particularmente a Samuel, como se evidencia más adelante.

Una mujer está segura en la relación matrimonial cuando se siente amada.

En segundo lugar, la relación de Ana y Elcana era correcta porque se amaban (1 Sam. 1:4-5). Elcana no amaba a Penina. Penina era la esposa que le daba hijos, pero Ana era la esposa a la que él amaba. Elcana demostraba su amor con acciones específicas: le daba una doble porción. Esto era un gesto entre los orientales que se reservaba para un invitado de honor. Elcana no demostraba su amor solo con sentimientos, sino con una consideración especial. Ana no tenía hijos y necesitaba estar segura del amor de su esposo. Una mujer está segura en la relación matrimonial cuando se siente amada. No es suficiente decirle a la esposa que uno la ama, sino que se lo tiene que demostrar frecuentemente, de tal manera que no haya duda. Esto es lo que Ecana hizo, tomó el tiempo y demostró su amor en una manera abierta de tal manera que todos pudieran observar. Esta pareja se amaba.

En tercer lugar, la relación de Ana y Elcana era correcta porque compartían sus sentimientos (1 Sam. 1:5-6). Como el texto lo menciona, la esterilidad de Ana era obra del Señor. Pero Penina usaba esto para irritar a su rival. Elcana fue sensible a esa tristeza de su amada esposa y expresó lo siguiente: “Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?” (1 Sam. 1:8) Ellos compartían sus sentimientos. Elcana tenía un corazón sensible y compasivo. Era un hombre tierno. Esto es algo que nos falta a menudo a nosotros los varones. Elcana se identificaba con los sentimientos de su esposa.

Ana y Elcana tenían una relación matrimonial correcta porque adoraban juntos, se amaban, y compartían su vida emocional. ¿Es tu relación matrimonial correcta?