Volví mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplicas. (Daniel 9:3)

La oración es una disciplina espiritual indispensable en la vida del creyente. Y hay un hombre en la Escritura de quien podemos aprender mucho acerca de la oración: Daniel. Daniel fue un hombre comprometido con Dios y dedicado a la oración. ¿Piensas que él nunca se agobió? Él mismo habla al respecto: “Yo Daniel, me sentí agotado y enfermo algunos días. Después me levanté y atendí los asuntos del rey; pero yo estaba espantado a causa de la visión, y no había nadie que la interpretara”. (Dan. 8:27) Daniel estaba turbado por la visión que había tenido y la realidad del juicio de Dios sobre su pueblo. En medio de su agobio, este hombre de Dios buscó ayuda en el lugar adecuado: La Palabra de Dios. Fue así que él vio la luz: yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías, debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años” (9:2). La Palabra de Dios sirvió de brújula, alumbrando e informando sus pensamientos aturdidos. El Señor restauraría a su pueblo y regresarían a su tierra (Jer. 29:10-14).  Daniel entonces se dirige al Señor en oración: “Volví mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplicas” (Dan. 9:3). Daniel reconoce que Dios está siempre en control y se somete a Él. Esa es la manera que debemos reaccionar ante las pruebas, ante la angustia que en ocasiones vendrá a nuestras vidas. Es fácil ceder a nuestros sentimientos, dejando que nos gobiernen. Pero hermano, no permitas que lo que sientes se apodere de tu vida. Deja que la Palabra de Dios guíe tus pensamientos y acciones, y depende de Él en oración en todo momento. Confía en Él y Su Palabra y sé un creyente que ora.

Reflexión: ¿Qué haces cuando estás agobiado, cuando hay dificultades en tu vida y sientes desánimo? Busca la Palabra de Dios para dar la dirección correcta a tus pensamientos y busca al Señor en oración. Solo así tendrás descanso y paz.