El Nuevo Testamento es claro en enseñar que existe una guerra espiritual que afecta la vida de cada hijo de Dios. El apóstol Pablo describe esta lucha en Efesios 6:12 de esta manera: Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Algunos cristianos piensan que Pablo está hablando de un conflicto donde cada creyente debe estar envuelto en una confrontación directa con demonios y por lo tanto debe aprender ciertas formulas y técnicas de guerra verbal espiritual para tener victoria. En ningún lugar de la Escritura observamos tal instrucción; no existen formulas para “reprender” a demonios o “atar” al diablo. La única instrucción bíblica que tenemos es la de someternos a Dios, y resistir al diablo, con la promesa que él huirá de nosotros (Santiago 4:7).

¿Cómo hacemos esto? ¿Cómo resistimos al diablo y a sus huestes? vistiéndonos con la armadura de Dios (Efesios 6:13-18) ceñidos con la verdad; revestidos con la coraza de justicia; calzados con el evangelio de paz; tomando el escudo de la fe, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios…y finalmente, Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu.

Y después de haber hecho todo esto estar firmes. La guerra espiritual es una lucha entre la verdad de Dios y su Palabra y las mentiras del diablo y sus huestes. Es una lucha continua entre lo que Dios dice en su Palabra y lo que Satanás contradice. Nuestras armas para esta guerra son espirituales (2 Cor.10:4), la Palabra de Dios y la oración en todo tiempo.

¡Oh, querido y fatigado soldado de la fe, colega en la batalla, cobra ánimo meditando en estas verdades y como el apóstol Pedro nos recuerda Y después de que hayáis sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que os llamó a su gloria eterna en Cristo, El mismo os perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá. (1 Pedro 5:10)