Una de las certezas de la vida cristiana es que Dios como Padre celestial disciplina a todos sus hijos. El autor de Hebreos nos recuerda: “porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.” (Hebreos 12:6). La palabra que aquí se traduce disciplina y aparece nueve veces en el pasaje de los vv.5-11, es la palabra griega paidea, de donde obtenemos la palabra castellana pedagogía y tiene la idea de educar o entrenar. A veces la educación de nuestros hijos incorpora consecuencias adversas, disciplina, y aun el azote cuando es necesario.

Dios también nos disciplina trayendo directamente o permitiendo en nuestra vida situaciones adversas: enfermedad, calamidad, accidentes, pérdida de ingresos, conflictos internos, pruebas externas, presiones y luchas de todo tipo por las cuales todos atravesamos etc. La pregunta es: ¿Por qué? Los versículos 10 y 11 nos dicen que toda disciplina de Dios es para nuestro bien, “para que participemos de su santidad, para dar fruto apacible de justicia”.

Dios no permitirá que tú como su hijo te desvíes y continúes en un camino de desobediencia sin que su vara de disciplina amorosamente te corrija. Dios se ha propuesto santificarte por completo y la obra que El comenzó en ti cuando fuiste redimido, El la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6).

¿No te anima saber que tu Padre celestial esta tan comprometido contigo de llevar a cabo su Propósito en tu vida, que esa obra no puede ser frustrada y que terminara en gloria eterna? ¡Confórtate meditando en esta verdad!