Por eso os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero. (Romanos 8:31-32)

En el mundo evangélico contemporáneo el Espíritu Santo es la persona de la Trinidad a la que más se deshonra. Seguramente te estás preguntando ¿cómo? El Espíritu Santo es blasfemado cuando se le atribuyen afirmaciones que el Espíritu no dice u obras que el Espíritu no realiza; en otras palabras, que no tienen origen en el Espíritu Santo. La gente habla de experiencias, visiones, sueños, milagros y demás, atribuyéndolas al Espíritu Santo, cuando en realidad no lo son. Solo Dios en su Palabra revela la verdad (2 Ped. 1:20-21; 2 Tim. 3:16-17). Lo que sucede hoy en día es opuesto a lo que Mateo 12:31-32 nos dice acerca del pecado imperdonable, aunque es igualmente serio: “todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada”. Los fariseos blasfemaron atribuyendo a Satanás las obras del Espíritu. Hoy sucede lo opuesto: Muchos atribuyen al Espíritu obras que tienen origen en Satanás. Satanás usa a falsos maestros que se han introducido en las filas de la Iglesia y engaña a muchos con falsos milagros, visiones y supuestas revelaciones. Esto también es blasfemia. Esta versión moderna del Espíritu Santo no es real. Es una creación humana y, por lo tanto, es falsa. Ese no es el Espíritu Santo de Dios. Donde está el Espíritu Santo, existe la humildad, nunca la exaltación del hombre que vemos hoy. Cuando el Espíritu obra, la persona de Cristo será exaltada. Honremos al Espíritu Santo como es debido. No busquemos revelaciones ni milagros puesto que ya tenemos la Palabra profética más segura (2 Ped. 1:19), así como todo lo que necesitamos para la vida y la piedad (2 Ped. 1:3). Atesoremos Su Palabra, puesto que Dios ha hablado. No necesitamos revelación adicional a la que ya ha sido dada (Ef. 2:20). Escuchemos con atención.

Reflexión: ¿Estás buscando experiencias y milagros en tu vida diaria? El Espíritu Santo no obra de esa manera en esta era de la iglesia, sino que Su trabajo es glorificar a Cristo. Ten cuidado de no deshonrar al Espíritu de Dios sino de tenerle en alta estima según la revelación de la Escritura.