Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos… El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. (1 Juan 2:3, 6)

Cuando el Señor nos llama a salvación, nos llama a la obediencia: “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos” (1 Juan 2:3). Por eso, la actitud del creyente desde el día en que es llamado a salvación, es de uno que se somete y expresa de continuo: ¿Señor, qué quieres que yo haga? La vida de un discípulo de Cristo es una de negación personal, de llevar la cruz cada día y de obediencia como patrón de vida. El estándar es alto. Estas características de un discípulo de Cristo no son para que uno sea aceptado delante de Dios. Negarse a uno mismo, tomar la cruz y seguir a Cristo no son pasos cronológicos donde primero me niego, luego tomo la cruz, y finalmente le sigo. Todas estas características se entremezclan y van juntas. Es un solo evento. Al mismo tiempo, es importante recalcar que ninguno de estos componentes del discipulado son el resultado de esfuerzo humano. Es completamente obra del Señor. No podemos negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz y seguir al Señor por nuestros propios medios. Todo esto es la obra de Dios por Su Espíritu en la vida del creyente. Tanto el querer como el hacer es de Él soberanamente. Es por eso que cuando predicamos el evangelio lo hacemos como el Señor lo hizo, subrayando exactamente el costo del discipulado, sabiendo que ninguno va a responder al evangelio a menos que Dios por medio de su Espíritu abra el entendimiento de los que escuchan y los mueva a fe y arrepentimiento. Si quieres venir a Jesucristo y ser salvo de tus pecados, el Señor te dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. (Lucas 9:23) No esperes más.

Reflexión: Si somos de Cristo, debemos andar como Él anduvo. Debemos obedecer Su Palabra y vivir para Su gloria. Te invito a examinar tu vida a diario y a vivir en obediencia.