“La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Jn 14:27)

Vivimos en días peligrosos. Son días difíciles a nivel nacional y mundial. Las noticias son continuamente alarmantes. Existe la amenaza real de una guerra en el medio oriente. En Estados Unidos vivimos con la amenaza constante de otro ataque terrorista. Se trata de un periodo descrito por el Señor como una época de “guerras y rumores de guerras”. Sin duda son tiempos de incertidumbre.

Cada uno de nosotros, tarde o temprano, pasamos por situaciones personales de aflicción: pérdida de trabajo, enfermedad, conflicto en el hogar, hijos descarriados, persecución, entre otras. A veces la presión es tal que nos sentimos desanimados. Podemos inclusive llegar a cuestionar el cuidado de Dios en nuestras vidas. Los tiempos difíciles son reales. No podemos ocultarlo ni evitarlo.

Sin embargo, por más que busquemos en la Biblia, no encontraremos una promesa que afirme que en este mundo tendremos ausencia de dificultades y pruebas. Es más, Jesús afirmó todo lo contrario: “En el mundo tendréis aflicción”. (Juan 16:33) La aflicción es una garantía. Por causa del pecado, este mundo nos supone aflicción, pruebas y dificultades y nadie está exento de las mismas. Entonces, ¿estamos sin esperanza?

Aún en medio de la aflicción, el Señor promete consuelo. ¡Qué excelentes noticias! Jesús no solo afirmó que tendríamos aflicción. ¡Qué triste sería vivir sin un rayo de esperanza, sufrir en silencio desgarrador, y aguantar hasta que las fuerzas no puedan más! Jesús no se quedó en las malas noticias, Él nos da aliento a continuación. Él inicia la segunda parte con un “pero.” Después de afirmar lo que nos espera y dejarnos con un aparente panorama sombrío, Jesús se encarga de dar la perspectiva correcta, trayendo un glorioso rayo de luz que nos ayuda a ver con claridad: “pero confiad, yo he vencido al mundo”. ¡Ahí esta nuestra esperanza! El Señor sí ofrece una dulce esperanza.

Es en la Escritura que encontramos a un gran Dios que tiene cuidado de los suyos y que, a pesar de las dificultades y pruebas, está con ellos.

Pablo nos habla de esa esperanza en Romanos 15:4 “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.” ¿Vieron eso? Parte del propósito de Dios en revelar Su verdad en la Escritura es proveer esperanza a los Suyos.

Por una parte, la Escritura nos dice claramente que tendremos aflicción. La Biblia enseña que la aflicción es parte íntegra del ser humano. Esto no se puede negar. El libro de Job afirma que “el hombre nace para la aflicción, como las chispas vuelan hacia arriba”. (Job 5:7) También describe al ser humano como “nacido de mujer, corto de días y lleno de turbaciones”. (Job 14:1) Incluso Salomón, el hombre más rico de la tierra en su momento, estando rodeado de todos los bienes y placeres que se le antojaran, concluyó que todo es vanidad (Eclesiastés 2:17). Él afirmó que la vida era penosa y llena de turbación (Eclesiastés 2:23). Por otra parte, y en claro contraste con lo anterior, la Biblia nos enseña verdades preciosas acerca de la aflicción y el consuelo de Dios que confortan el alma de Sus hijos. En Su Palabra podemos tener consuelo y aliento. Es en la Escritura que encontramos a un gran Dios que tiene cuidado de los suyos y que, a pesar de las dificultades y pruebas, está con ellos. Esa es la esperanza y, por ello, podemos disfrutar de esa esperanza en los momentos difíciles.

Hay una promesa en la Escritura que el Señor Jesús dirigió a sus discípulos en Juan 14:27: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Debemos recordar esta promesa una y otra vez y atesorarla, sabiendo que Él tiene cuidado de nosotros. Cuando pasamos por situaciones y épocas difíciles en nuestro peregrinaje espiritual, podemos turbarnos y tener miedo. Sin embargo, Él nos manda confiar y depender de Él y no temer, porque Él está con nosotros. Sólo Él puede darte esa paz.