A menudo tenemos ideas equivocadas acerca de la felicidad. Solemos pensar que ser felices es sinónimo de que no falte nada en nuestras vidas, o una ausencia de dificultades. Esto no es diferente de cómo pensaban los judíos a quienes dirigió Mateo su evangelio. Ellos esperaban la venida del Rey prometido. Querían ser liberados de la opresión de los romanos y que Él trajera paz y felicidad duraderas. Pensaban que serían felices, que estarían satisfechos, si ese Mesías los librara de esto.

Muchos piensan que la verdadera felicidad es sinónimo de ausencia de dolor y aflicción, mientras que aquellos que son creyentes entienden que la verdadera felicidad se encuentra en medio del dolor.

Jesús, quien a pesar de ser el Mesías prometido no lo reconocieron como tal, es el Rey que viene a traer felicidad a los súbditos de Su reino. Pero, como veremos en la enseñanza de Jesús, en medio de esta felicidad existe un retrato paradójico de dolor. Todas las cualidades que constituyen una vida feliz, también incluyen algo de miseria. Muchos piensan que la verdadera felicidad es sinónimo de ausencia de dolor y aflicción, mientras que aquellos que son creyentes entienden que la verdadera felicidad se encuentra en medio del dolor. Jesucristo introduce un concepto de la felicidad que es completamente foráneo a lo que el mundo entiende.

El mundo “predica” fuerte y claramente que una persona feliz es una persona que tiene éxito, dinero, posesiones y fama. Se promueve a diestra y siniestra que una persona feliz hace lo que quiere cuando quiere, es decir, tiene poder. Esto motiva a las personas a buscar tener ese poder, ese éxito, y trabajan fuertemente toda su vida por alcanzarlo. Su objetivo último es tratar de conseguir esa felicidad tan anhelada. El modelo de felicidad que Jesús presenta contrasta con el que se promueve hoy en día. Jesús no dice, “bienaventurados los ricos, bienaventurados los famosos, bienaventurados los que tienen hambre y sed de éxito.” La felicidad verdadera no está en conseguir todo esto.

Jesús, en Mateo 5, predica categórica y autoritativamente acerca de la felicidad que el mundo tanto busca de maneras equivocadas. Entonces, ¿quiénes son bienaventurados o felices en palabras de Jesús? Son bienaventurados los pobres en espíritu (5:3), los que lloran (5:4), los humildes (5:5), los que tienen hambre y sed de justicia (5:6), los misericordiosos (5:7), los de limpio corazón (5:8), los que procuran la paz (5:9), los que han sido perseguidos (5:19), y los que son insultados y perseguidos por Su causa. Francamente, a la luz del concepto popular de lo que es ser feliz, Jesucristo presenta una paradoja. Definitivamente es un concepto totalmente foráneo para la sociedad actual. Si estás buscando la felicidad según la definición del mundo, no la encontrarás aquí. La felicidad que el mundo promueve no está en esta lista, porque es falsa.

El placer no es el camino a la felicidad. Las cosas de este mundo no traen paz a un corazón angustiado.

Salomón provee una ilustración bíblica de una persona que tuvo todo lo que hace feliz a un hombre según los estándares del mundo: poder, riquezas, placer, entre otras. La pregunta es, ¿encontró Salomón la felicidad en todo esto? Él concluyó que todo fue en vano. Esto concuerda con las palabras de Jesús: “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lc 12:15). El placer no es el camino a la felicidad. Es simplemente ridículo tratar de ser feliz basado en cosas efímeras. ¿Por qué? Porque las cosas físicas y sensuales no tocan el alma. Jamás se podrá llenar una necesidad espiritual con sustancia física, con aquello que es pasajero y temporal. Las cosas de este mundo no traen paz a un corazón angustiado. No se puede derramar aceite en un espíritu herido. El punto es claro, las cosas externas no traen consuelo permanente al alma. No hay felicidad verdadera ahí.

Lo que Jesús enseña es que la felicidad verdadera no se encuentra en este mundo, porque la naturaleza de la felicidad es espiritual. En esencia, pertenece a la naturaleza de Dios y únicamente puede ser disfrutada por aquellos que pertenecen a Dios, puesto que participan de Su naturaleza. Jesús vino como Rey a presentar esta verdad. El vino a introducir los principios de su Reino los cuales son internos y espirituales. La felicidad está en Él. Fuera de Él nadie podrá encontrarla.

¿Has encontrado felicidad verdadera? Si eres de Cristo, eres feliz. Nada podrá darte felicidad. Todo es pasajero. Solo Jesús da vida y felicidad eterna. ¿Eres feliz?