“Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas.” (Rom 13:1)

Estamos viviendo una época donde la política sobresale en las noticias de todos los países. La ciudadanía está dividida en sus alianzas políticas y hay mucha convulsión y división al respecto. Encontramos crisis y drama en todas partes. La información se manipula maliciosamente para ambos extremos del espectro político y existe un sinfín de álgidas discusiones que influencian nuestra manera de pensar.

Dios ha establecido al gobierno como institución para que castigue a los que hacen el mal y que proteja a los que hacen el bien.

Como creyentes, ¿cuál debe ser nuestra actitud ante el gobierno? Pablo ofrece en Romanos 13 la enseñanza más clara del Nuevo Testamento en cuanto a la responsabilidad del cristiano para con el gobierno. Esta enseñanza tiene aplicación universal sobre cualquier tipo de gobierno, en cualquier época de la historia de la iglesia, y bajo cualquier circunstancia. Esta es la característica sobrenatural de la Escritura. Es relevante siempre. Habla al hombre específicamente, aún y cuando fue escrita muchos años atrás. Es tan aplicable hoy en la época en que vivimos como lo fue cuando fue revelada a los autores bíblicos. Por eso debemos prestar atención a lo que Su Palabra nos instruye acerca del gobierno y nosotros.

Lo que el Espíritu Santo nos dice a través de Pablo en el primer versículo es una exhortación. No hay nada complejo o confuso: “Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas”. (Rom. 13:1) Dios ha establecido al gobierno como institución para que castigue a los que hacen el mal y que proteja a los que hacen el bien. Y nuestra responsabilidad es someternos a las autoridades.

Independientemente del país en el que vivas, y particularmente para los que somos cristianos, esta instrucción bíblica resulta cada día más desafiante. A menudo nos desagrada la dirección que el gobierno toma en diferentes aspectos clave. El gobierno es cada día más hostil al cristianismo y más secular en su enfoque bajo la famosa rúbrica de “separación de iglesia y estado.” El gobierno se mete más y más en la vida de los ciudadanos y establece leyes que disminuyen nuestras libertades; tolera la inmoralidad, y hasta las manifestaciones más perversas; está a favor del aborto; trata de borrar y quitar cualquier expresión que tenga un “sabor” cristiano ¿Te sientes identificado con este panorama? Lógicamente, esta tendencia nos turba. Nos molesta porque va en contra de todo lo que consideramos recto y virtuoso. Debido a que estas características del gobierno que existen hoy en día muchos cristianos tienen dificultad en obedecer los mandatos de este pasaje y, aunque no se rebelan abiertamente, tienen una actitud de hostilidad hacia las autoridades.

No debes creer, sin embargo, que esta situación es exclusiva a esta época, a tu situación o a tu país. ¿Cómo eran las condiciones del gobierno y la sociedad cuando Pablo escribe estas palabras? Pablo escribe la carta a los romanos desde Corinto al fin de su tercer viaje misionero probablemente en el año 56 d.C. durante el gobierno del emperador Nerón. Esta era una época muy difícil para vivir como un cristiano fiel a lo que Dios dice en su Palabra. La sociedad era corrupta; la política era corrupta; y la autoridad autocrática y cruel por parte de los que gobernaban era común. El imperio estaba saturado de millones de esclavos. El poder del emperador sobre sus súbditos era unilateral y total. En definitiva, Pablo no vivía en un paraíso donde fuese fácil cumplir con lo que indicaba a los romanos.

Dios nos manda a someternos a los gobernantes. No hay duda de esto. Su Palabra es clara. A pesar de los difícil que sea y la oposición que pueda haber, debemos someternos porque es el Señor quien los ha puesto sobre nosotros. Haciendo esto, seremos testimonio para otros, y Dios recibirá mucha gloria. Estamos en Sus manos y Él tiene el control. Confiemos en esto, descansemos en Él, y obedezcamos fielmente.