Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad. (Tito 3:4)

En un tiempo en el que los hombres parece amarse más a sí mismos que a los demás, (2 Tim. 3:2) es importante saber y entender acerca del amor de Dios y lo que implica para nosotros. (1 Jn. 3:1) Superficialmente, muchos cristianos creen entender bien el amor de Dios; suelen tener nociones sentimentales y populares del amor de Dios que no se encuentran en la Escritura. Sin embargo, el creyente debe asegurarse de comprender lo que la Escritura afirma acerca de Dios. Lo que la Biblia sí afirma acerca de Dios es que Su amor es ilimitado en su alcance. Existe un aspecto del amor de Dios que es general, universal, indiscriminado, incondicional y sin limites; es decir, que alcanza o se extiende a todos los seres humanos. Este es el amor que Pablo describe en Tito 3:4: Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad…”. No hay manera en que se puede negar el amor de Dios. Por eso Jesús mismo afirmó que debían amar a sus enemigos (Mat. 5:44). Sin embargo, los rabinos de la época enseñaban que debían odiar al enemigo (Mat. 5:43), algo que contrastaba grandemente con el amor de Dios. El estándar de Dios es Su amor mismo, por eso les manda a amar de esa manera. Si en verdad eran hijos de Dios, debían demostrarlo no haciendo acepción de personas (Mat. 5:45). ¡Cuán difícil nos es amar a quien no nos ama o que nos hace mal! Sin embargo, es claro que el que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”.  (1 Juan 4:8) Si eres Su hijo, te caracterizarás por amar a tu prójimo, sea quién sea. Alumbra el evangelio con tu comportamiento y no solo con tus palabras.

Reflexión: ¿Estás amando a tu prójimo en todas las circunstancias? No peques contra él y contra Dios dejando de reflejar a Dios mismo a través tuya.