Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. (Colosenses 2:10)

Muchos anhelan el verdadero significado de la vida, cuando Cristo es el camino (Juan 14:6). Solo en Él podemos estar completos (Col. 2:10). Por eso Pablo desestimó todo lo demás, con tal de ganar a Cristo (Fil. 3:8), además de advertirnos de ciertas influencias que atacan la suficiencia de Cristo. Primero, la filosofía (Col. 2:8) enseña teorías acerca de Dios y la vida que se originan en la mente humana. Que nadie te mueva de confiar en Cristo por medio de la sabiduría humana. Aunque sea atractiva, no tiene substancia ni valor espiritual. No conduce a Dios ni a Su verdad. Solo podemos conocer a Dios a través de Su Palabra. Segundo, el legalismo (Col. 2:16) defiende que, por medio de ceremonias o rituales, se alcanzará a Dios. Sin embargo, ninguna actividad externa contribuye a la salvación, la cual es exclusivamente en Jesucristo. El legalismo distrae y aparta de la fe pura y simple en Cristo. Por eso Pablo advierte que nadie se convierta en su juez por no guardar ciertos ritos. Estos de nada valen, porque lo único que importa es Cristo. Por último, el misticismo (Col. 2:18-19) cree que, por medio de experiencias, sensaciones y visiones, es posible comunicarse con Dios. Podemos apreciar la creación de Dios en el campo o en el mar y reconocer la grandeza y majestad de Dios; sin embargo, esto no equivale a “sentir, o experimentar a Dios”. No podemos guiarnos por experiencias subjetivas sino por la única fuente de revelación que es Su Palabra. Solo Su Palabra es verdad. Toda la verdad, todo el conocimiento, toda la sabiduría, toda la paz, todo el gozo, toda la satisfacción, toda la fortaleza, toda consolación, y toda esperanza eterna está en Cristo. Tener a Cristo es tenerlo todo; mientras que no tener a Cristo es no tener nada.

Reflexión: No seas cautivado o seducido por algo que te distraiga de Cristo y Su Palabra, porque estamos completos en Él y fuera de Él no hay nada ni nadie.