Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. (1 Juan 3:11)

Los hijos de Dios se aman mutuamente y son mandados a amarse (1 Juan 3:11). ¿Amas tú a tu prójimo? Todo aquel que no es hijo de Dios, no puede amar verdaderamente. ¿Qué características exhiben los que no son hijos de Dios? La primera característica es el homicidio (3:12). El homicidio es el caso extremo de una persona en su falta de amor hacia otra. Es curioso que algunos de los asesinos mas crueles de la historia han sido religiosos. Esto es porque la religión y ritos superficiales no prueban que una persona pertenece a Dios. Este era el caso de Caín y de los judíos que querían matar a Jesús (Juan 8:44). Si esto te parece muy radical,  la Biblia dice que el que “aborrece a su hermano es homicida” (1 Juan 3:15). Esto nos lleva a la segunda característica: el odio (3:13). La mayoría de la gente no ha cometido ni cometerá homicidio alguno; sin embargo, en su corazón odian. Lo único que los detiene son las consecuencias negativas del acto criminal. El odio en la Escritura es el equivalente moral del asesinato (Mat. 5:21-22). Es más, debes saber que el incrédulo odia a los hijos de Dios (1 Juan 3:13). La tercera y última característica es la indiferencia (1 Juan 3:17). El hombre no regenerado demuestra esa condición siendo indiferente a las necesidades de otros. Es básicamente egoísta. Difícilmente alguien daría su vida por otro (1 Juan 3:16). Si aun como cristianos luchamos con el egoísmo (Fil. 2:3), ¿qué podemos esperar de aquellos que no lo son? La persona que no demuestra amor por sus hermanos indica que el amor de Dios no esta en él. El creyente no solo debe amar de palabra, sino de hecho y en verdad (1 Juan 3:18). Es es la prueba de que somos cristianos genuinos.

Reflexión: ¿Te caracteriza el amor o el odio? Si eres hijo de Dios, debes obedecer la Palabra de Dios y andar como Jesús anduvo. Ama a tu hermano no solo de palabra sino de hecho y en verdad.