Dios es amor por naturaleza. Él nunca deja de amar. Y es que Su amor no está sujeto a estados de ánimo como en ocasiones sucede con nosotros, cuando a veces amamos pero a veces no nos sentimos con deseos de amar. Pablo describe el amor divino en Tito 3:4: Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad. Este es el amor de Dios: incondicional, ilimitado, sin discriminación para todos los hombres en general. El mismo amor que encontramos en Mateo 5 donde vemos que Dios lo manifiesta aun para con sus enemigos (Mateo 5:44-48; Marcos 10:21). Podemos distinguir cuatro elementos que caracterizan este amor:

El primero es lo que llamamos la gracia común de Dios que Él manifiesta por medio de Su misericordia para con los hombres haciendo caer lluvia sobre justos y pecadores (Hechos 14:17); expresiones de bondad de Dios manifestada a todos los hombres durante esta vida: alimentos, calor, provisiones, familia, las bendiciones de la creación, etc.

El segundo elemento es la compasión de Dios para los hombres. Dios no disfruta ni se complace cuando estos cientos de personas están muriendo estos días en Israel, en Líbano o Irak. Pues yo no me complazco en la muerte de nadie- declara el Señor Dios-. Arrepentíos y vivid. (Ezequiel 18:32). En Jeremías, por ejmplo, el Señor ‘se lamenta’ por la destrucción de Moab, una nación sumamente impía. Jesús mismo llora por Jerusalén en Mateo 23:37. Su compasión no tiene nada que ver con cierto valor o atractivo particular en el ser humano, y es que el hombre en su estado no regenerado es enemigo de Dios. Sin embargo, Dios tiene misericordia de los hombres. Este es el amor de “tristeza” porque los hombres han corrompido la imagen de Dios en ellos y se han apartado de Él yendo en camino a una justa retribución eterna. Este amor es motivado por la pérdida de valor que el pecado ha causado en la humanidad.

En tercer lugar, este amor general a los hombres se manifiesta por medio de las constantes advertencias de Dios en su Palabra sobre el juicio venidero que muchos han escuchado, y a pesar de ello nunca responderán. La creación (Romanos 1:20) y la conciencia (Romanos 2:14-15) sirven como medios de advertencia. Sin embargo, Dios desvela sus propósitos de manera más clara a través de Su Palabra y de Su Hijo mismo (Hebreos 1:1-2, Juan 3:16).

Finalmente, el amor de Dios al mundo se observa en la oferta de salvación por el evangelio para todo el que quiera recibirla. Dios siempre ofrece salvación al pecador que viene a El arrepentido.
Aun al fin de la historia cuando Dios desencadena sus juicios contra este mundo en Apocalipsis Dios llama a 144 mil testigos que proclaman el evangelio en Israel,  y  dos de estos testigos predican en Jerusalén que trae como consecuencia un gran avivamiento A esto fuimos llamados como cristianos a proclamar el evangelio de salvación a toda criatura.

Dios demuestra su amor no pagando al pecador instantáneamente lo que sus pecados merecen, sino que es misericordioso y paciente, no le agrada que los hombres perezcan sino que su deseo es que todos vengan al arrepentimiento. Por esta razón Dios advierte y advierte y advierte: (Salmo 34:8; Apocalipsis 22:17). Dios ama al mundo en general mostrándoles gracia común, compasión, advertencias y la oportunidad del evangelio. Él ha provisto Un Salvador para el mundo, pero el mundo aun le rechaza y por tanto llevan sobre ellos la culpa de su rechazo. Jesús dijo: “moriréis en vuestros pecados….porque no creéis en mi”. Y es que la responsabilidad de rechazar el evangelio finalmente recae sobre el pecador. En Mateo 11:28 el Señor Jesús dice: Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Esta es la invitación general a todos a creer el evangelio.